● Por Christian Rodiek, fundador de FirmaVirtual
Cada vez que un sistema frontal golpea a Chile, muchas regiones se paralizan. El temporal
que ha afectado a gran parte del país durante los últimos días, con intensas lluvias, cortes
de suministro y daños en infraestructura, es un claro ejemplo. Se suspenden las clases, la
llegada al trabajo se dificulta, se producen atochamientos y las emergencias parecen nunca
acabar. Todo parece quedar en pausa, incluso las cosas más simples.
Aunque el país ha avanzado considerablemente en digitalización, todavía existen
organizaciones donde un contrato, una autorización o cualquier otro documento relevante
debe esperar a que alguien llegue a estampar su firma de puño y letra. Esa cultura no solo
retrasa trámites administrativos, sino que también posterga decisiones, pagos,
contrataciones e incluso proyectos completos.
Las organizaciones modernas, en cambio, ya utilizan la firma electrónica desde que su uso
fue regulado hace más de 20 años. Hoy, más que una herramienta de eficiencia, se trata de
un elemento clave para la continuidad operacional.
Firmar electrónicamente evita que procesos críticos se detengan frente a contingencias que
escapan de nuestro control, como un temporal u otras situaciones de fuerza mayor. En
Chile, donde los eventos meteorológicos extremos, los incendios forestales y los terremotos
son parte de nuestra realidad, tenemos que estar preparados. Los planes de emergencia no
bastan; la continuidad operativa también es importante.
La transformación digital suele asociarse a productividad, reducción de costos y
sustentabilidad. Sin embargo, uno de sus mayores aportes es la flexibilidad y la rapidez que
ofrece. Digitalizar procesos no solo permite que las organizaciones sigan avanzando, sino
que también contribuye a mantener la economía en funcionamiento.
En ese contexto, aprovechar la firma electrónica es mucho más que dejar atrás el papel.
Significa eliminar barreras geográficas, reducir tiempos de espera y permitir que todo siga
en marcha incluso cuando las condiciones externas dificultan la presencialidad.
De esta forma, empresas de todos los tamaños pueden entregar una mejor experiencia a
sus colaboradores, proveedores y clientes, quienes pueden concretar trámites de forma
simple, segura y desde cualquier dispositivo. La continuidad operacional no tiene por qué
depender de que alguien vaya a la oficina a estampar una firma.
En un escenario económicamente ajustado que, seguramente, se verá impactado por las
consecuencias del temporal, la eficiencia no es una ventaja competitiva, sino una condición
indispensable para seguir en marcha cuando más se necesita.














