Los “asesinos” de la productividad: cinco tipos de personas que más dañan y afectan a las organizaciones


Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Conferencista, escritor e investigador (PUC)
En ocasiones no resulta para nada fácil detectar y exponer a este tipo de sujetos en las
empresas debido al hecho que algunos de ellos manifiestan ciertas conductas que
están tan arraigadas en la sociedad que llegan a parecer como “comportamientos
naturales o habituales”, cuando en realidad no lo son.
Es así, por ejemplo, que tenemos individuos que nunca aceptan una propuesta que
provenga de otra persona que no sea de ellos mismos, ya que siempre “tienen una
idea mejor” que los demás; también está el sujeto que habitualmente llega tarde “por
culpa del taco” o porque tuvo que “atender a su abuelita”; el que “no responde los
correos que recibe de sus colegas y clientes” o que “no termina a tiempo su trabajo”
porque “se le cayó el sistema”, o el sujeto que se desvive intentando destacar por
sobre los demás para ser “reconocido por la jefatura”.
Si alguna de estas conductas le pareció muy familiar, es posible que en su entorno
laboral se oculte, justamente, más de algún “asesino de la productividad” que no
respeta los valores y principios de su empresa, algo que Jack Welch, ex Presidente
Ejecutivo de una de las empresas multinacionales más grandes del mundo –General
Electric– no aceptaba en sus colaboradores.
Revisemos cinco de los comportamientos que más daño le pueden causar a una
organización:

  1. El mentiroso: nunca dice que no, pero tampoco tiene intención alguna de
    cumplir con su palabra, ya que rompen promesas y acuerdos sin previo aviso.
    Son capaces de dejar esperando a los demás colegas en una reunión
    importante, ocasionando atrasos, pérdidas y malestar generalizado entre sus
    compañeros de trabajo. La irresponsabilidad es la característica más visible de
    este tipo de sujetos. Otra característica es que pueden presentar algunos
    rasgos de otros perfiles como los que caracterizan al “miope impulsivo”.
  2. El miope impulsivo: son sujetos que buscan la gratificación inmediata y actúan
    de manera irreflexiva, ya que no les preocupa que sus acciones tengan
    consecuencias nefastas con tal de conseguir resultados rápidos e instantáneos.
    Es frecuente que estas personas inventen resultados falsos con tal de ganar un
    poco de popularidad, o bien, que sacrifiquen a la gente bajo su mando con tal
    de cumplir con ciertas metas en el corto plazo sin tomar en cuenta el futuro
    estratégico de la organización, siendo capaces de afectar la salud física y mental
    de sus colegas y colaboradores con sus acciones impulsivas e irreflexivas.
  3. El sabelotodo: suele ocupar puestos de responsabilidad o de jefatura, cargo
    que usan para imponer sus ideas sobre cualquier otra, ya que están
    convencidos de que ellos tienen la razón y que al rechazar las ideas del otro
    –haciendo de “abogados del diablo”– lo están “ayudando”. El gran problema de
    esta actitud de rechazo, es que afecta la capacidad de innovación de la
    empresa. Un síntoma clave para identificar a estos sujetos se presenta en las
    reuniones de trabajo, donde nadie pregunta y sólo se escuchan las propuestas
    de los mismos individuos de siempre.
  4. La víctima de las circunstancias: es otro de los sujetos más comunes y
    peligrosos, y se presenta en todos los niveles de la organización, desde los
    puestos de jefatura hasta los escalafones inferiores y se caracteriza por
    aparecer ante los demás como la “víctima de las circunstancias”, buscando
    siempre culpar a factores externos cuando se producen problemas e
    inconvenientes, tal como por ejemplo: “El sistema se cayó o no funciona”, “El
    informe se perdió”, “No tuve tiempo para contestar los correos”, “Se me pasó
    la hora” son algunas de las típicas frases que utilizan con la finalidad de evadir
    su responsabilidad e incompetencia. La “víctima de las circunstancias” nunca es
    parte del problema y siempre es inocente.
  5. El narcisista: su único afán y objetivo es destacar y alcanzar el éxito en la
    empresa donde trabajan, y para lograr lo anterior, no dudan en atropellar y
    pasar por encima de los demás. Suelen tener baja su autoestima y la única
    forma que tienen para elevarla es incordiando y destruyendo a otros. Parten de
    un principio bastante maligno: para que “ellos puedan ganar, los demás deben
    perder”, sin que importe mucho el hecho que los “demás” sean parte del
    mismo equipo. Esta conducta suele verse con mayor frecuencia en los niveles
    gerenciales, a saber, entre directivos que intentan disputarse fieramente el
    control de una organización.
    Jack Welch, quien lideró a General Electric durante 20 años, transformando
    profundamente a la empresa y aumentando “su valor de mercado de los U$ 14.000
    millones de dólares a más de U$400.0000 millones de dólares”, decía que estos
    individuos eran muy dañinos y que podían perjudicar seriamente los resultados de las
    empresas, y aunque resultara duro hacerlo, los directivos tenían que librarse de ellos,
    porque si no lo hacían, estos sujetos podían corroer el ambiente laboral y la cultura
    organizacional de la empresa, y a largo plazo, eso era peor que ver caer los resultados
    de un área o de un departamento de la organización.

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