Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Conferencista, escritor e investigador (PUC)
Un hijo único no tiene, necesariamente, que terminar siendo un niño egoísta,
irrespetuoso, malcriado y poco sociable. Si bien es cierto, que tendrá menos
oportunidades de compartir con otros menores, como es el caso de aquellos niños que
tienen más hermanos, son los padres –y la forma de crianza que ellos establezcan–,
quienes pueden revertir esta realidad del niño mimado y malcriado.
La reducción del número de hijos en la población mundial y, especialmente, en nuestro
país, responde principalmente a tres eventos sociales: (a) la mayor escolaridad y
formación académica de la mujer, (b) la inserción de las mujeres en el mundo laboral,
(c) el alto costo –en términos económicos, psicológicos y profesionales– que implica
para la mujer trabajadora –y para su pareja– optar por tener y criar un hijo.
A los anteriores, se suma otro factor relacionado directamente con la disminución del
número de hijos, a saber, la separación cada vez más temprana de las parejas, por
cuanto, alcanzar a estar juntos sólo hasta el nacimiento del primer hijo se ha
convertido, hoy en día, en una realidad muy frecuente.
Muchos padres optan, asimismo, por tener un solo hijo con la finalidad de garantizar
que este niño(a) tenga un futuro mejor que el que han tenido ellos, efecto o fenómeno
conocido como “movilidad social”. Sin embargo, estos padres se enfrentan a grandes
desafíos, tales como: mantener una familia vinculada a una comunidad, que sea activa
en el colegio, que sea, asimismo, permeable a recibir amigos y/o compañeros de
colegio del hijo(a) en sus casas. Lo anterior, con el objetivo de subsanar las dificultades
y obstáculos asociados a la crianza de un menor sin hermanos.
Los principales riesgos –o costos– de tener un hijo único son los siguientes:
- Bajo nivel de frustración: a menudo los hijos únicos se caracterizan por
presentar poca tolerancia a la frustración debido a la sobreprotección de la que
son objeto por parte de los padres, así como a causa de la satisfacción casi
instantánea y automática de sus deseos y peticiones. Por su salud mental y su
mejor adaptación al mundo, estos niños deben aprender a respetar la palabra
“No”, en función de lo cual, no obtendrán todo lo que quieren. - Marcado egoísmo: los hijos únicos tienen dificultad para compartir con otros
niños y de ceder su “espacio preferente e individual” ante otros niños, debido a
que tienen menos oportunidades de socializar, al carecer de hermanos. - Falta de límites y falta de respeto a las reglas: en términos generales, son niños
a los que les cuesta respetar turnos, respetar los límites y compartir en
actividades grupales. Presentan dificultad para resolver de buena manera
desacuerdos con sus pares, pudiendo presentarse como niños violentos,
agresivos y mal genios, ya que están acostumbrados a salirse con la suya. - Niños “adultocéntricos”: dado el hecho que conviven con muchos adultos
–padres, tíos, abuelos, etc.– son menores que tienden a actuar y recrearse de
manera poco infantil. En este sentido, es preciso no involucrar a los hijos únicos
en el mundo adulto, ya que hay niños que son verdaderos “viejos chicos” que
participan de las conversaciones y actividades de los adultos, llegando a
adoptar conductas no acordes con su edad - Presión concentrada sobre el hijo(a) único: dado que la atención de los padres
se focaliza en un solo hijo, las expectativas de los padres acerca del
rendimiento –académico, intelectual, deportivo, etc.– del menor pueden ser
demasiado altas, buscando el perfeccionismo y que el hijo(a) se destaque en
todo. - Exceso de atención parental: en lugar de fomentar la independencia del
hijo(a), esto puede derivar en una sobreprotección excesiva, especialmente,
cuando los padres consienten mucho al menor, satisfacen sus necesidades
antes incluso que el menor las solicite y le resuelven todos sus problemas,
evitando que éste aprenda a hacerse cargo de sus propios asuntos, de sus actos
y consecuencias. - Sensación de soledad: el hijo único puede presentar una mayor propensión a
experimentar períodos de soledad y aislamiento, si no logra cultivar una red
social de amigos.













