Donde fluye el agua, crece la equidad


Por Juan Moreira Patiño
Periodista y Magíster en Educación Ambiental

En el sur de Chile, donde la lluvia no es un evento sino una condición de vida, el
agua ha sido históricamente entendida como una extensión del territorio y de la
cultura. Sin embargo, en las últimas décadas, esa relación se ha tensionado
profundamente. El agua, que debiera ser un derecho garantizado, ha sido
progresivamente mercantilizada, generando brechas que no solo afectan al
ecosistema, sino también a la dignidad de las personas. Porque donde el agua
deja de fluir libremente, también se estanca la justicia social.
Hablar de equidad desde el sur es reconocer que los territorios no son
homogéneos, que existen zonas donde comunidades completas ven restringido su
acceso al agua, mientras grandes industrias aseguran su abastecimiento. Esta
desigualdad no distingue ideologías: impacta a familias campesinas, comunidades
originarias, pobladores urbanos y pequeños emprendedores. Entonces, surge una
pregunta, que además de ser política, es profundamente ética: ¿cómo
garantizamos que un elemento vital no sea privilegio de unos pocos? Creo, sin
temor a equivocarme, que la respuesta exige acuerdos amplios, donde la
izquierda, el centro y la derecha comprendan que el agua no puede seguir siendo
tratada únicamente como un recurso económico.
Desde una perspectiva de la educación ambiental, el desafío es aún mayor. No
basta con cambiar leyes, si no transformamos la conciencia colectiva.
Necesitamos comprender que el agua no solo sostiene la vida humana, sino que
articula ecosistemas completos. Cuidarla implica modificar prácticas cotidianas,
pero también exigir políticas públicas que resguarden las cuencas, limiten el (neo)
extractivismo y promuevan una gestión comunitaria y sustentable. En este sentido,
la equidad no es solo distribución, es también responsabilidad compartida.
Donde fluye el agua, crece la equidad, no como consigna vacía, sino como
principio de un nuevo pacto social. Uno que reconozca que el desarrollo no puede
construirse sobre la escasez de muchos para la abundancia de pocos. El sur de
Chile, con su riqueza hídrica y su memoria territorial, tiene mucho que enseñar al
país: que el agua no es solo un recurso, es un derecho, un vínculo y una
posibilidad de futuro común. Defenderla, entonces, no es una opción ideológica,
es una urgencia de nuestra sociedad.

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