Por: Clara Viviana Rodas Kürten, académica Carrera de Enfermería, Facultad de Salud, Universidad Santo Tomás, sede Valdivia.
El cáncer es una enfermedad multifactorial. Por eso, la atención multidisciplinaria no debería entenderse como un complemento del cuidado oncológico, sino como una de sus condiciones esenciales. Cuando distintas disciplinas observan, analizan y deciden juntas frente a una misma persona, quien más se beneficia es el paciente.
Y ese beneficio es concreto. El equipo médico define el tratamiento; enfermería resguarda la continuidad del cuidado y el manejo de síntomas; nutrición protege la capacidad del organismo para enfrentar las terapias; psicología acompaña el impacto emocional y favorece la adherencia; trabajo social aborda barreras que podrían interrumpir el proceso; mientras kinesiología y terapia ocupacional contribuyen a preservar y recuperar la funcionalidad.
El desafío es que ninguna de estas dimensiones ocurra de manera aislada. Y así lo reconoce el Ministerio de Salud, en sus orientaciones sobre manejo nutricional de personas adultas con cáncer, donde se advierte que el estado nutricional puede influir en la tolerancia a los tratamientos, las complicaciones, la calidad de vida y los desenlaces clínicos. Es precisamente allí donde la interdisciplinariedad deja de ser un concepto teórico y se transforma en una forma concreta de cuidar.
La experiencia nacional entrega un dato especialmente revelador. Entre septiembre de 2020 y diciembre de 2023, la estrategia de Telecomité Oncológico del Ministerio de Salud permitió analizar 14.195 casos mediante la discusión conjunta de equipos ubicados en distintos puntos del país. En un 23,6% de los casos evaluados, esa revisión multidisciplinaria produjo un cambio significativo en la propuesta terapéutica.
Dicho de otra manera: en casi uno de cada cuatro casos revisados, reunir distintas miradas profesionales llevó a reconsiderar el plan inicialmente propuesto. El dato obliga a mirar la interdisciplinariedad desde otra perspectiva. Innovar en salud no siempre significa disponer de nuevas tecnologías o tratamientos. A veces, una de las herramientas más relevantes está en generar las condiciones para que los profesionales conversen, integren sus conocimientos y decidan juntos.
Este enfoque también ha comenzado a consolidarse institucionalmente. Mediante la Resolución Exenta Nº 288, el Ministerio de Salud aprobó la Orientación Técnica para el Funcionamiento de los Comités Oncológicos Multidisciplinarios, estableciendo la revisión conjunta de los casos como parte del proceso para definir las alternativas de tratamiento. Para regiones como Los Ríos, avanzar en esta dirección adquiere especial importancia. Un análisis difundido este año por el Centro para la Prevención del Cáncer (CECAN) situó a la región con la tasa de mortalidad por cáncer más alta del país. Frente a esa realidad fortalecer la coordinación de los equipos no es un asunto meramente organizacional: forma parte del desafío de entregar una atención integral, oportuna y centrada en las personas.
Como docente que participa en la formación de futuras enfermeras y enfermeros, creo que esta manera de comprender el cuidado debe comenzar mucho antes de ingresar al mundo laboral. Aprender a reconocer el aporte de otras disciplinas, identificar los límites de la propia, y saber cuándo solicitar apoyo es también parte de la formación de un buen profesional de la salud.
Decidir juntos en definitiva, es también una forma de cuidar mejor.















