Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Conferencista, escritor e investigador (PUC)
Así como diversos estudios han demostrado que los estados de ánimo negativos como
resultado de vivencias de estrés, traumas, discusiones y peleas afectan la salud, la
memoria y la capacidad de concentración de un individuo, también se han realizado
múltiples observaciones con pacientes afectados por diversas enfermedades y trastornos,
donde se ha utilizado el optimismo y el humor con fines terapéuticos y de sanación, con
resultados sorprendentes.
Es así, por ejemplo, que el impacto de la ira que se genera a raíz de una fuerte pelea –ya
sea con la pareja o con el jefe–, puede acompañar al sujeto afectado hasta una semana
posterior al conflicto mismo, siendo suficiente el sólo hecho de recordar tal situación
negativa, para que la persona experimente una fuerte e inmediata alza de su presión
sanguínea.
Una emoción potente como la rabia, por ejemplo, consigue que la frecuencia cardíaca se
eleve, logra que la presión arterial se dispare, que la actividad del sistema nervioso
simpático aumente y que se produzca un marcado estrechamiento de las arterias. Al
permanecer el estado de ánimo negativo durante un tiempo en el organismo, esto se
transforma en una verdadera bomba de tiempo con capacidad para provocar un ataque
cardíaco o un accidente cerebro vascular.
Para efectos de evitar, justamente, toda esta sucesión de hechos contraproducentes para
la salud, los pacientes afectados por emociones negativas, son sometidos a un enfoque
integral, que incluye un curso de técnicas de relajación y de terapia cognitiva, la que se
centra en revertir las creencias pesimistas de las personas, de modo tal, que los sujetos
aprendan a desafiar los pensamientos negativos que los invaden.
¿El lema de cabecera? Una “actitud mental positiva y optimista mezclada con un bien
desarrollado sentido del humor sana a las personas, logra la recuperación de su equilibrio
interno y tiene efectos altamente terapéuticos”.
La positiva influencia del optimismo en la psicología individual se traduce en beneficios
directos para la biología de la persona, ya que la habilita para manejar de mejor manera
situaciones de estrés, para aumentar su capacidad inmunológica y compensar los
desequilibrios internos. Otra consecuencia reconocida, es que el optimismo y el uso del
humor entregan a aquel que los practica, una mirada más reposada, amplia y distinta de
un tema en cuestión, por dificultoso que sea. Es también por esta razón, que se
recomienda la realización de actividades lúdicas en las salas de clases, porque ayudan a
visualizar los problemas desde una perspectiva diferente, al mismo tiempo que reduce el
estrés, relaja el ambiente y permite que los estudiantes adopten una actitud más
receptiva y atenta ante los contenidos que se desean enseñar, sin importar la naturaleza
de los mismos, ni lo complicados que éstos sean.
Según el Dr. Daniel Goleman, el optimismo y el humor “fortalecen las actitudes positivas y
estimulan las respuestas de la persona que está en actitud de escucha, permite asociar
hechos, recordar mejor, hace pensar y despierta la creatividad”.
Por el contrario –y de acuerdo con la Dra. Marie-France Hirigoyen– utilizar formas de
“sarcasmo, de burla, hacer comentarios irónicos y punzantes, usar el remedo o hacer
comentarios hostiles”, etc., deprime e inhibe cualquier tipo de conducta constructiva,
dejando al sujeto afectado en un estado de alteración y tensión fácilmente identificables,
y que sólo favorece la probable aparición de enfermedades y trastornos de salud.
En definitiva: practicar el optimismo vale mucho más que el dinero: cuida su salud, su
mente, su cerebro, su corazón, su memoria, su inteligencia y su espíritu. No hay donde
perderse.











