Prejuicios, discriminación y racismo: tres grandes venenos sociales

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Conferencista, escritor e investigador (PUC)


“Una persona sólo tiene derecho a mirar a otra hacia abajo, cuando ha de ayudarle a
levantarse” (Gabriel García Márquez, escritor colombiano, Premio Nobel de Literatura).
Partamos señalando, que nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, por su
origen social, sexo, etnia, religión, filiación política, etc.: todo ello se aprende en casa.
En este sentido, no cabe duda alguna, que el fuerte impacto emocional, educacional,
económico, político y social que tienen los prejuicios, la discriminación y el racismo en
una sociedad, pueden conducir a la polarización, violencia y autodestrucción de la misma
sociedad que da cabida a estos tres grandes venenos sociales.
No hay que ir muy atrás en la historia de la humanidad para saber de las desastrosas
consecuencias que han tenido la práctica de cada una de estas conductas sociales, las que
se aprenden a través del ejemplo que dan los padres a sus hijos en el hogar, conductas
que derivan en el uso indiscriminado de violencia, odiosidad y destrucción, e incluso, en el
exterminio de culturas y pueblos completos, tal como lo hemos visto, una y otra vez, en el
pasado y, lamentablemente, tal como lo continuamos observando hoy en día.
Emblemáticos son diversos genocidios que se han producido en el mundo entero como
consecuencia del racismo y la discriminación: el genocidio de los armenios a manos de los
turcos, el de los Tutsis a manos de los Hutus en Ruanda, el de los chinos a manos de los
japoneses, el de los tibetanos a manos de los chinos, el del pueblo ucraniano a manos de
los rusos, o lo que sucede actualmente bajo el gobierno de Donald Trump con sus
violentas políticas racistas y anti-inmigratorias que han conducido a la muerte de muchos
inmigrantes –e incluso de ciudadanos norteamericanos- a manos de los agentes
“encargados de apresar a los inmigrantes” –a través de medios violentos y brutales-, los
temidos agentes ICE (Inmigration and Custom Enforcement).
Habría que confiar en que lo que hace Trump con sus guerras y amenazas a medio mundo,
no se traspase a todo el pueblo norteamericano y terminen imitando lo que hicieron con
las tribus originarias de ese país, donde prevaleció la brutal frase del general del ejército
de EE.UU., Philip Sheridan, quien afirmaba que “el único indio bueno, era un indio
muerto”, bajo cuyo precepto se llevó a cabo un genocidio a gran escala.
Ahora bien, en el ámbito del comportamiento social, “el prejuicio hace alusión al proceso
de generar una opinión, una interpretación o un juicio sesgado –generalmente negativos–
sobre alguna persona, objeto o idea, que se hace de manera arbitraria y anticipada,
basado en percepciones totalmente subjetivas, que no tienen un sustento real y que no se
fundamentan en datos que puedan ser avalados de manera objetiva”.
Demasiado a menudo se trata de falacias, es decir de argumentos que parecen válidos,
pero que se sustentan en premisas totalmente erradas. Ejemplo de lo anterior, es cuando
se afirma –de manera arbitraria y en función de falsos estereotipos– que: “Todos los
judíos son avaros”, que “Todas las rubias son tontas”, que “Los pobres son sucios y flojos”,
etc., frases, que además de adolecer de todo sustento empírico, indican un alto grado de

ignorancia y estupidez humana. De ahí que se diga que “la ignorancia, los prejuicios y el
miedo caminan tomados de la mano”.
Por otra parte, “la discriminación, definida como una conducta diferenciada y observable
que es dirigida hacia un grupo social o hacia algunos de sus miembros”, hace referencia a
toda aquella acción que produce una serie de desigualdades en el acceso a recursos y
oportunidades, tales como educación, alimentación, trabajo, salud, etc., es decir, se
produce una clara violación en cuanto al acceso en igualdad de condiciones a ciertos
derechos, ya sea que hablemos de aspectos tales como “sexo, edad, color, etnia, género,
nacionalidad, ideología política, religión, raza u orientación sexual”. No es mera casualidad
que se haya tenido que dictar una serie de leyes para evitas abusos y discriminación de
distinta naturaleza: leyes en contra del acoso sexual, leyes en contra del acoso laboral,
leyes que eviten la discriminación de personas con discapacidad, etc.
A su vez, “el racismo representa una ideología que impone y defiende la superioridad de
una raza por sobre otra, así como la necesidad de mantener a dicha raza subyugada o
aislada del resto de la población al interior de una comunidad o nación”. La práctica del
racismo puede llegar, incluso, a justificar la eliminación de aquellas razas –o grupos de
personas– consideradas “inferiores”, tal como ha sucedido en la historia de la humanidad.
La existencia de prejuicios puede conducir a la intolerancia, al clasismo, la discriminación,
la xenofobia, etc., especialmente, cuando se fundamentan en “falsos estereotipos”, es
decir, percepciones exageradas, subjetivas, simplificadas que se tienen de una persona o
de un grupo que comparte ciertas características, sin que medie ningún tipo de acto
reflexivo al respecto del estereotipo que se ha tomado como referente. Dicho de otra
manera: si un determinado estereotipo, es de “corte negativo”, con certeza surgirá de ahí
un “prejuicio negativo”, con las nefastas consecuencias del caso que son de esperar, tal
cual lo vemos en forma diaria.
En función de todo lo anterior, existe la urgente necesidad que tomemos plena conciencia
de que estas conductas hacen referencia a “realidades sociales aprendidas”, y cuyos
efectos y consecuencias terminan por provocar –de manera innecesaria– mucho dolor,
daño, violencia y la muerte de millones de seres humanos en todo el planeta.

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