Ambos cuadros clínicos presentan un inicio brusco, con fiebre alta, dolores intensos y compromiso del
estado general, lo que en algunos casos puede escalar rápidamente y requerir atención médica urgente,
especialmente en menores de 5 años y en pacientes con enfermedades crónicas o condiciones de base.
La influenza se ha consolidado como el principal virus respiratorio en circulación en Chile. De acuerdo
con el último informe de vigilancia del Instituto de Salud Pública (ISP), los virus Influenza A y B
concentran cerca del 48% de las detecciones respiratorias, en un escenario que ha llevado a un aumento
de consultas y de la demanda en los servicios de urgencia, especialmente entre la población infantil.
Según explicó el doctor Marcos Magasich, intensivista pediátrico de Clínica MEDS, “el aumento actual se
explica por dos factores clave: la aparición de subclados o variantes mutadas del virus que logran burlar
más fácilmente la inmunidad previa, sumado también a una baja cobertura de la vacunación en la
población infantil durante esta temporada. Es un virus que siempre ha sido agresivo y que encuentra un
terreno fértil en niños que no están protegidos”.
El especialista agregó que “el resfrío que conocemos normalmente se desarrolla de manera gradual. La
influenza, sin embargo, te ‘bota’ de golpe, con fiebre alta, tos seca, dolor de cabeza intenso y dolores
musculares; a uno le duele hasta el pelo”.
El doctor Magasich precisó que, aunque clínicamente ambas variantes se manejan de forma similar,
existen algunas diferencias. “La influenza A suele tener brotes más masivos, más agudos. Por su parte, la
variante B suele repuntar hacia fines de la temporada estacional y se asocia a más síntomas
gastrointestinales, por ejemplo vómito y diarrea. Además, genera una inflamación muscular transitoria
que puede provocar mucho dolor; incluso a algunos pacientes más pequeños les pueden doler las
piernas hasta el punto de dificultar la marcha”, señaló.
Respecto de la duración de la enfermedad, indicó que “el cuadro agudo, el más intenso, dura
generalmente entre 3 y 7 días. Aunque la tos residual y el cansancio pueden arrastrarse hasta dos
semanas después del término del periodo de contagio”.
Añadió que “los niños tienen una carga viral un poco más alta y prolongada que los adultos, lo que
significa que pueden contagiar desde un día antes de mostrar síntomas y hasta por una semana
completa. Habiendo cumplido al menos 24 horas sin fiebre, sin uso de medicamentos que disminuyan la
temperatura y con una evidente mejoría de los síntomas, se puede cortar la cadena de transmisión y
permitir el retorno a clases”.
Respecto de la población infantil de mayor riesgo frente a la influenza A y B, señaló que “los menores de
5 años, especialmente los menores de 2, son particularmente vulnerables, ya que, aun siendo
completamente sanos, sus vías respiratorias están en desarrollo y su sistema inmune aún no ha
madurado por completo”.
Asimismo, precisó que también se consideran de riesgo los niños con comorbilidades, como pacientes
asmáticos, con cardiopatías congénitas, enfermedades neurológicas, obesidad o inmunosupresión. “En
estos casos, el virus puede dañar el epitelio respiratorio, lo que facilita la colonización por bacterias más
agresivas, aumentando el riesgo de neumonías más graves o incluso la necesidad de cuidados
intensivos”, explicó.
Respecto de las manifestaciones más graves de la influenza que los padres deben vigilar, el facultativo
de Clínica MEDS enfatizó tres ejes principales: respiración, estado neurológico e hidratación. “Si respira
muy rápido, hace esfuerzo o se le hunden las costillas, o si presenta coloración azul en los labios, debe
consultar de inmediato”, advirtió.
Asimismo, alertó sobre la somnolencia excesiva o la baja respuesta del menor, así como la negativa a
alimentarse o hidratarse. A ello sumó la reaparición de la fiebre como signo de alerta: “Si la fiebre cede
pero reaparece con más síntomas, también debe evaluarse en urgencias”, señaló.
Para los niños que cursan la enfermedad, recomendó mantener cuidados en el hogar como reposo,
adecuada hidratación, ventilación de los espacios y control de síntomas con medicamentos indicados
por un pediatra.
Finalmente, llamó a evitar la automedicación y el uso inadecuado de fármacos. “Hay que evitar el uso de
antibióticos mal prescritos y el uso indiscriminado de antivirales, ya que muchas veces no van a generar
una mejoría rápida. Un antibiótico en un cuadro de influenza no va a disminuir ni un día la evolución de
la enfermedad; al contrario, puede afectar la microbiota, que es parte fundamental de las defensas del
organismo”, sostuvo.














