Dr. Franco Lotito C. Conferencista, escritor e investigador (PUC)
De acuerdo con las estadísticas internacionales, el Trastorno Límite –o limítrofe– de
Personalidad (Borderline Personality Disorder) es un trastorno psiquiátrico con carácter
grave, que tiene una alta prevalencia en la población. Es un trastorno que no resulta fácil
de identificar, ya que se caracteriza por una marcada complejidad diagnóstica,
presentándose más en mujeres que en hombres, si bien, hoy en día, a través de los
nuevos enfoques de diagnóstico, las cifras de mujeres y hombres con Trastorno Límite de
Personalidad (TLP) han tendido a equipararse. Los estudios al respecto de este trastorno
muestran resultados variables que van del “0,5% al 3,9% de prevalencia”, estimándose
una media en la población general de 1,3%.
Dadas las especiales características que tiene un TLP, las personas afectadas por este
trastorno, lo que necesitan, es que: (a) se les ayude a comprender a cabalidad su
enfermedad y, (b) que sean tratadas correctamente una vez realizado el diagnóstico.
Ahora bien, es preciso adelantar que con el fin de conseguir resultados satisfactorios en el
tratamiento se precisan dos cosas: una elevada y persistente motivación por parte del
paciente por adherir al tratamiento y la presencia de un buen terapeuta.
Los pacientes que no son tratados o que abandonan su tratamiento, tienen una calidad
de vida poco feliz y placentera, al igual que las personas que están cerca de ellos –y que
sufren las consecuencias de sus conductas–, sea que hablemos de sus familias, de sus
parejas, e incluso de quienes trabajan cerca de estas personas.
¿Por qué razón hay que destacar esto? Porque de acuerdo con el experto en TLP, el Dr.
John Gunderson, entre los aspectos clínicos más característicos están los siguientes: (a)
una alta mortalidad por suicidio, (b) una elevada heterogeneidad en sintomatología
clínica, (c) una comorbilidad asociada con otros trastornos psicológicos, así como (d)
notables carencias funcionales y afectivas.
Sólo a modo de ejemplo: una de mis pacientes se enamoró de una joven que sufría de
TLP, quién, bajo los efectos del alcohol experimentaba conductas asociadas a la violencia y
a la falta de control de impulsos, hasta el punto, que en una ocasión en que esta joven
bebió más de la cuenta, comenzó a golpear e insultar a su pareja, llegando hasta el grado
de intentar violar a mi paciente, a raíz de lo cual, ella tuvo que escaparse esa noche del
departamento donde vivían y refugiarse en la casa de su padre.
De acuerdo con el “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5)”
una de las características del TLP, es un patrón general de inestabilidad en las relaciones
interpersonales, problemas con su auto-imagen y la afectividad, así como una falta de
autocontrol de impulsos, síntomas que parten al inicio de la edad adulta y que se dan en
diversos contextos de la vida del sujeto afectado: hogar, familia, pareja, trabajo.
Los sujetos con este trastorno están constantemente realizando frenéticos esfuerzos para
evitar un abandono, ya sea éste real o imaginario. Son personas muy sensibles a las
circunstancias a las que se enfrentan, y la percepción que estos individuos tienen de una
inminente separación, rechazo o la pérdida de la estructura externa, puede ocasionar
cambios profundos en la auto-imagen, afectividad, cognición y comportamiento final.
Los pacientes afectados, a menudo presentan alteraciones caracterizadas por cambios de
objetivos, valores y aspiraciones personales. Se aburren con facilidad con las cosas que
hacen y están buscando siempre cosas nuevas. Lo anterior, las obliga a abandonar sus
trabajos, o bien, a ser despedidas de los mismos.
El estado de ánimo básico de tipo disfórico de los sujetos con TLP suele alternarse con
períodos de ira, angustia o desesperación, siendo raras las ocasiones en las que un estado
de bienestar o satisfacción llega a tomar el relevo. El concepto “disfórico” alude a una
emoción desagradable que embarga al sujeto, donde prima la tristeza, la irritabilidad y la
ansiedad por sobre emociones positivas.
No obstante lo anterior, el Trastorno Límite de Personalidad ha pasado de ser un concepto
coloquial tomado del Psicoanálisis para clasificar a los “neuróticos difíciles de tratar”,
hasta convertirse en un diagnóstico válido, con un nivel significativo de ser un trastorno
heredable y que tiene un tratamiento psicoterapéutico específico y efectivo.
Este diagnóstico y tipificación ha permitido distinguirlo de otros trastornos a los cuales
había sido asociado, tales como la esquizofrenia y el Trastorno Depresivo Mayor. En los
últimos años, se ha profundizado en el estudio del carácter hereditario del trastorno y en
la naturaleza multifactorial de la etiología del TLP, lo que ha conducido a un incremento
del número de opciones terapéuticas a disposición de los especialistas, generándose un
cambio en la visión de su pronóstico.
Algunos investigadores han observado que las tendencias suicidas y las autolesiones
representarían los criterios de mayor relevancia en el diagnóstico del trastorno, en tanto
que otros estudiosos han señalado que la característica más distintiva de las personas con
TLP, es su miedo al rechazo y al abandono por parte de terceros. Lo cierto es que,
indistinto del hecho de si unos investigadores tienen más razón que otros en sus
observaciones, lo más sabio es estar atento al conjunto de síntomas y conductas, con el
objetivo final de entregar un diagnóstico acertado y, por esta vía, poder ayudar al sujeto
afectado.














