Dr. Franco Lotito Catino – www.aurigaservicios.cl
Conferencista, escritor e investigador (PUC)
El día 6 de septiembre de 2026 un niño de 12 años fue identificado por la policía como el
autor del lanzamiento de una bomba molotov a una Comisaría de Carabineros y a un cuartel
de bomberos, acto que pudo haber provocado varias víctimas y graves daños. Sin embargo,
en función de las leyes vigentes, este menor no puede enfrentar un juicio, ni ir a la cárcel ni
tampoco ser castigado. ¿Es este un caso único y excepcional?
Lamentablemente, la respuesta es ¡No!, ya que desde hace varios años se viene observando
a menores de entre los 10 y los 17 años que se dedican a realizar –con cuchillos, pistola en
mano, con mucha violencia y con total desprecio de la vida ajena y de la propia–
innumerables asaltos, robos, encerronas, tráfico de drogas, violaciones, homicidios, etc.
Dependiendo de la edad del menor –y en función de la “inimputabilidad” y la “falta de
discernimiento” que protege a los delincuentes menores de 14 años– lo único que pueden
hacer las policías y las autoridades respectivas, es entregar al menor en las manos de sus
padres, sus guardadores, o bien, dejarlos en manos del Tribunal de Familia por vulneración
de derechos, o del Servicio de Protección Especializada de la Niñez y Adolescencia (Mejor
Niñez), sin castigo y sin que importe mucho el amplio historial delictual del menor, así como
también la gravedad de su falta, con lo cual, y a raíz de que por parte de las autoridades
responsables no existen acciones que apunten a una intervención familiar a fin de evitar su
reincidencia, lo único que se logra es perpetuar el ciclo de los delitos, los que son ejecutados
cada vez con mayor brutalidad. Especialmente, cuando el menor vive y se educa en un
ambiente donde prima el alcohol, la droga y la violencia.
En función de las cifras entregadas por el Poder Judicial, más de 40.000 menores de edad
–entre los 14 y los 17 años– fueron condenados en los últimos cinco años por robos con
violencia, violaciones, robo de vehículos, tráfico de drogas, homicidios, etc.
Se calcula que alrededor del 17% de los delincuentes juveniles son niñas que vulneraron el
sistema y las leyes en los últimos años como consecuencia de haber sido sometidas a una
crianza negativa y con padres ausentes, haber sufrido abusos y abandono, con familias
metidas en el sistema criminal.
Los patrones comunes que conducen a que los menores infrinjan las leyes son los siguientes:
deserción escolar a temprana edad, ausencia familiar, influencia negativa de pares, consumo
de drogas y alcohol, manejo de armas, entre otros.
Un estudio del Instituto Nacional de Investigación en Salud y Medicina de Francia, llegó a la
conclusión de que la detección de “conductas antisociales tales como la agresividad, el
cinismo, el bullying, la tendencia a la manipulación o un bajo índice de moralidad” debería
llevarse a cabo desde muy temprano –preferentemente desde el jardín infantil– con la
finalidad de predecir posibles comportamientos delictuales y evitar precozmente que esa
conducta se agrave y/o se convierta en un comportamiento habitual del menor. Esto
requiere, forzosamente, un diagnóstico precoz y una intervención psico-social temprana.
Constituye un gravísimo error de juicio pensar que los problemas de conducta se
manifiestan exclusivamente durante el periodo de la adolescencia, por cuanto, resulta ser
tremendamente incoherente –y contraproducente–, esperar a que el adolescente reincida
en sus actos delictuales para que la sociedad y las autoridades comiencen recién a
“preocuparse” de su caso. A esa edad, puede ser muy tarde.
Estudios de observación –o de cohorte– de mediano y largo plazo que permiten el
seguimiento muy estrecho y de alta calidad de grupos de niños, como los que han llevado a
cabo los países nórdicos en relación con diversos grupos de menores que presentan un
determinado factor de riesgo –como es el caso de “las conductas antisociales”– han
concluido que una “alteración conductual temprana entre los tres y los seis años” es
claramente “predictiva de problemas de conducta posteriores” en la vida.
Cuando se está frente a un adulto que es un transgresor de la ley que robó, violó y asaltó, al
hacer un estudio de su biografía e historial de vida, se advierte rápidamente que el sujeto
comenzó a mostrar desde muy temprano este tipo de conductas. Lo anterior, no significa,
eso sí, que si un niño roba una vez, de adulto se convertirá en un ladrón. Son las conductas
repetitivas desviadas de la norma durante la niñez las que predicen un mal futuro.
Ahora bien, iniciativas que promueven la identificación de conductas anómalas –o desviadas
del curso normal de desarrollo– en menores de tres a seis años, son las que permiten llevar
a cabo las mejores estrategias de intervención y reparación de conductas infantiles, con
mayor razón cuando estos menores provienen de entornos familiares degradados donde la
delincuencia, la ingesta de alcohol, el consumo y tráfico de drogas es la norma. La razón para
darle importancia a estas iniciativas, es muy simple: muchos de estos menores delincuentes
cargan con graves delitos como: robos con violencia, porte de armas, homicidios, robo de
vehículos, delincuencia organizada, violaciones, etc.
En las protestas callejeras es habitual observar que los hechos más violentos tienden a ser
protagonizados por menores de 15 años. Asimismo, existen bandas, cuyos líderes –tanto
hombres como mujeres– son a menudo más jóvenes que la mayoría de sus integrantes.
Cuando se hace un estudio del perfil de estos jóvenes delincuentes, es fácil advertir que los
menores carecen de modelos parentales adecuados y presentan, generalmente, baja
autoestima, una personalidad inestable e inmadura, con rasgos impulsivos, nulo control de
la ira, suspicacia, hostilidad y rebeldía hacia la autoridad, venga esta autoridad de donde
venga: autoridad paterna, escolar, social, policial.
Hoy en día, el uso de la violencia de todo tipo se ha posicionado fuertemente en la sociedad
y, como consecuencia de lo anterior, también se ha “infiltrado” en la vida de muchos
adolescentes, quienes, por un efecto “espejo” han aprendido que la forma de resolver los
problemas, es mediante el uso de la violencia, la fuerza, la amenaza y la agresión.















