- Las hermanas Coral y Rocío Elizondo encabezaron el encuentro
“Aprender sin barreras: lenguaje, emoción y diversidad”, realizado en Fundación
Mustakis, donde entregaron a docentes y líderes de organizaciones sociales
herramientas concretas de educación inclusiva, atención plena y autocuidado.
Santiago, 13 de julio de 2026.- Con la asistencia de 45 educadores y líderes de organizaciones
sociales, Fundación Mustakis organizó en Recoleta la charla “Aprender sin barreras:
lenguaje, emoción y diversidad”, encabezada por las hermanas españolas Coral y Rocío
Elizondo. La actividad abordó dos desafíos centrales de la práctica docente actual: la equidad
en el acceso al aprendizaje y el cuidado emocional de quienes conviven en el aula.
En su intervención, Coral Elizondo profundizó en metodologías para garantizar una
educación inclusiva, equitativa y de calidad, partiendo de una premisa: cada persona tiene el
derecho esencial a recibir una formación que respete sus necesidades y potencialidades
únicas, lo que exige derribar barreras en el aprendizaje y construir modelos de convivencia
respetuosos con cada estudiante.
«Seguimos diseñando la escuela para un estudiante promedio que no existe; el promedio es
una tiranía. El lenguaje no es neutral y muchas veces es mortal: hay palabras asesinas, como
ese alumno no puede o ese alumno no sabe. Hace falta construir un lenguaje compartido para
construir una nueva realidad» comentó Coral Elizondo.
Docente, psicóloga, orientadora y escritora, con más de tres décadas dedicadas a la formación
y el asesoramiento de equipos docentes, Coral Elizondo es un referente internacional en
educación inclusiva y en Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA). Ha asesorado a
ministerios de educación de América Latina, entre ellos el de Chile.
Por su parte, Rocío Elizondo, docente y formadora especializada en neuroeducación,
mindfulness y compasión, centró su exposición en herramientas de atención plena y
autocuidado para profesores y estudiantes. Su propuesta, construida a partir de su trayectoria
creando espacios emocionales seguros en centros educativos, apunta a mitigar el estrés y
propiciar entornos de aprendizaje más humanos, conscientes y reflexivos.
«Un cerebro amenazado o estresado bloquea el aprendizaje, porque la atención se focaliza en
sobrevivir. Cuando el estrés es permanente aparecen el miedo y la inseguridad, y la memoria
desaparece. No se trata de eliminar el malestar, sino de reconocerlo y saber qué herramientas
tengo para gestionar el estrés en clase. Por eso el autocuidado es fundamental en el aula»,
explicó a los profesores que participaron del taller.
Consultada sobre por qué el bienestar docente es tan importante dentro del aula, Rocío
Elizondo advirtió que suele pensarse únicamente en que los alumnos estén bien, cuando el
profesor también necesita estarlo. «Si el docente no está bien, ¿qué está enseñando?». Y
planteó: “un profesor sobrepasado puede terminar gritando o usando un vocabulario ofensivo
hacia sus estudiantes. Por eso, no se debe ver el autocuidado como una carga extra ni una
autoexigencia, sino como algo personal que favorece al docente y le permite, a la larga,
acompañar y ayudar mucho mejor”.
La charla abierta se realizó en el marco de un taller de dos jornadas intensivas que ambas
especialistas desarrollaron en la Fundación Mustakis. El trabajo se estructuró en la reducción
del desgaste emocional y la prevención del agotamiento docente; el autocuidado estratégico,
bajo el principio de que es necesario cuidarse primero para acompañar de mejor forma a los
estudiantes; y la regulación emocional en el aula, mediante dinámicas de gestión del clima
escolar adaptadas a las distintas necesidades que se presentan.
Para Domingo Errázuriz, director ejecutivo de Fundación Mustakis, la relevancia de esta
charla y jornadas intensivas radica en ofrecer a los profesores, comunidades educativas y
líderes sociales, las mejores herramientas para mejorar los espacios educativos. “En la
Fundación creemos en el enorme potencial del ser humano, y en la búsqueda por el desarrollo
integral de niños, niñas y jóvenes, nos parece pertinente reflexionar sobre cómo estamos
educando. La visita de estas referentes en innovación educativa nos permitió compartir con
nuestro ecosistema herramientas concretas para mejorar la práctica educativa y la trayectoria
de vida de nuestros estudiantes”, agregó.
Recomendaciones para profesores: sencillas claves para el aula
Más allá del diagnóstico, las hermanas Elizondo dejaron orientaciones concretas para llevar a
la práctica por parte de los docentes:
- Del déficit al contexto: En lugar de preguntarse «qué le pasa a este niño
que no me atiende», Coral Elizondo propuso interrogar qué barreras existen en el
contexto para aprender y obtener logros. - Diseñar para la variabilidad, no para el promedio: El estudiante
promedio no existe, agregó Coral Elizondo, y diseñar la escuela pensando en él borra
las identidades. Conocer a cada persona y la neurodiversidad, y apoyarse en el Diseño
Universal para el Aprendizaje (DUA) permite planificar clases que incluyan a todos. - Cuidar el lenguaje: Expresiones como «no puede» o «no sabe» cierran
puertas y condicionan el desempeño. Las expectativas del profesorado influyen
directamente en los resultados de los estudiantes y en su diálogo interno, sostuvieron. - Pasar del juicio a la indagación: Detectar los juicios que se emiten
sobre un estudiante, preguntarse de dónde vienen, conversar con los equipos de
orientación y preguntarle directamente al alumno qué necesita. Rocío Elizondo
también invitó a tomar conciencia de las propias creencias limitantes, sin castigarse
por ellas. - Aprender a leer el estrés, propio y del curso: Un mínimo de activación
es necesario para aprender —como el café de la mañana—, pero un cerebro
amenazado bloquea el aprendizaje porque su atención se enfoca en sobrevivir. - Reconocer señales físicas de estrés como tensión en la mandíbula o en
la boca seca, gritos e insultos entre ellos en el caso de los estudiantes. - Enseñar las herramientas de regulación en calma, no en plena crisis:
Cuando un estudiante está desbordado se produce el llamado «secuestro de la
amígdala», y pedirle que se tranquilice no funciona. - Ofrecer un abanico de herramientas, porque no a todos les sirve lo
mismo: Meditación, visualización, pelotas antiestrés, movimiento o algo tan sencillo
como un automasaje de manos —que activa la salivación y, con ella, el sistema de
calma—: la clave es que cada estudiante descubra qué lo regula. Coral Elizondo
destacó además una tendencia creciente: las «zonas de calma» dentro del aula,
espacios siempre opcionales para autorregularse. - Construir espacios emocionalmente seguros, también entre docentes.
Las especialistas propusieron acoger a los equipos docentes al inicio del año, formar
grupos de apoyo mutuo, abrir «recreos de la calma» con meditaciones breves y cuidar
que los espacios comunes sean amables. - Cultivar la compasión para prevenir el desgaste profesional. Frente al
burnout o «quemado por empatía» —frecuente en las profesiones de cuidado y que,
una vez consumado, no suele tener vuelta atrás—, Rocío Elizondo recomendó el
entrenamiento en mindfulness y compasión, respaldado por evidencia científica:
registrar el sufrimiento del otro y desear ayudarlo, sin identificarse con ese
sufrimiento ni cargarlo como propio.














