Chile Aprende y Avanza

Por Carlos Crot Pérez, SEREMI de Educación Los Ríos

Hay cosas que simplemente no pueden esperar, y aprender a leer es una de ellas. Sin embargo, en Chile hemos normalizado que estudiantes avancen en la escuela sin comprender lo que leen, como si fuera algo que pudiera corregirse más adelante. La realidad demuestra lo contrario: cuando el aprendizaje no ocurre a tiempo, recuperar ese rezago es muy complicado.

Los primeros años de la educación no son una etapa más del sistema escolar. Son el momento en que se construyen las bases de todo lo que viene después. Ahí se define si un estudiante podrá comprender un texto, resolver un problema o sentirse capaz de aprender. Por eso, cuando hablamos que una gran parte de estudiantes no alcanza el nivel lector esperado en segundo básico, no hablamos solo de resultados académicos, sino de oportunidades que comienzan a cerrarse demasiado temprano.

Frente a esta realidad, como país no podemos quedarnos inmóviles. Por eso, el Gobierno ha impulsado la estrategia “Chile Aprende y Avanza”, un plan que busca hacerse cargo de esta urgencia poniendo el foco donde realmente importa: en los primeros años de aprendizaje. La iniciativa prioriza la educación parvularia, primero y segundo básico, fortaleciendo la enseñanza de la lectura y el desarrollo del pensamiento matemático desde el inicio de la trayectoria escolar.

Este plan no se queda en el diagnóstico. Contempla medidas concretas, como evaluaciones tempranas de lectura, monitoreo permanente, apoyo pedagógico a las escuelas y fortalecimiento de programas como Leo Primero y Sumo Primero. Todo con un objetivo claro: que cada niño y niña tenga la oportunidad de aprender a tiempo.

A veces el debate educativo se vuelve técnico, lleno de indicadores y cifras. Pero en el fondo es algo mucho más simple: se trata de que los niños aprendan cuando deben aprender. Porque leer no es solo una habilidad escolar, es una herramienta para entender el mundo, para imaginar y para avanzar.

Y no podemos olvidar algo clave: aprender no ocurre en el vacío. Un niño que se siente seguro, acompañado y valorado tiene muchas más posibilidades de aprender. Por eso, fortalecer la convivencia escolar y el bienestar también es parte esencial de esta respuesta.

Poner atención en los primeros años no es solo una decisión pedagógica. Es, sobre todo, una decisión ética. Porque cuando el sistema llega tarde, quienes pagan ese costo son siempre los mismos. Y porque aprender a tiempo no debería ser un privilegio, sino el punto de partida de cualquier futuro.

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